Abril 27, 2010
Pensar en escapar, tropezar, no es más que una forma de empezar. Sacudirse hasta que centrífugamente se suelten de nuestra piel todas las escamas de lo que nos detiene, lo que nos aferra estúpída y concensuadamente al suelo. Suelo, ese lugar, ese plano inerte en el que tan cómodamente nos dejamos caer. Caer, caer y caer. Ni siquiera un avance, hacia lo más profundo, tal vez. Ni siquiera el mínimo avance hacia cualquier lado. Ahí. En el piso. Estático y estúpido. La fuerza no es suficiente, las escamas no se despegan. Y otra vez la noche, otra vez afuera...
domingo, 9 de mayo de 2010
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